1. Introducción: el síntoma más visible de la desigualdad estructural
La crisis de la vivienda ha dejado de ser un problema sectorial para convertirse en el principal factor de desigualdad social en España, según el último informe de Oxfam Intermón “Vivir la desigualdad”.
El estudio, basado en más de 4.000 encuestas, revela que el 45% de la población sufre directamente los efectos del problema habitacional, incluso en un contexto de crecimiento económico y creación de empleo.
Esto marca un cambio profundo: la ciudadanía percibe que la vivienda ha desplazado al empleo y al ingreso como el eje central de la brecha social.
2. Los más afectados: los jóvenes, los inquilinos y los no emancipados
El impacto de la crisis no se distribuye de forma homogénea:
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73,6% de quienes no poseen vivienda propia se sienten afectados por la situación.
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60% de las personas no emancipadas aseguran sufrirla directamente.
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En cambio, solo un 33,2% de los propietarios considera que la crisis los alcanza.
La brecha generacional y patrimonial es evidente:
apenas el 14,4% de los no propietarios ve posible acceder a una vivienda en el futuro, mientras que el 58,5% lo considera improbable o imposible.
La vivienda, más que un bien, se ha convertido en un marcador de clase social.
3. Contraste entre economía macro y realidad cotidiana
Aunque España acumula cinco años de crecimiento económico sostenido, la percepción ciudadana es muy distinta.
El informe destaca que:
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Tres de cada diez hogares declaran que sus ingresos no les alcanzan para una vida digna.
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El 37,5% necesita un segundo empleo para lograrlo.
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El 43% no puede permitirse vacaciones anuales.
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El 40% carece de un fondo para gastos imprevistos de más de 600 euros.
Esto refleja una disociación estructural: el PIB crece, pero los beneficios del crecimiento no se redistribuyen hacia las capas medias y bajas, generando una sensación de frustración social y pérdida de movilidad.
4. Vivienda, desigualdad y precariedad laboral
La vivienda actúa como amplificador de otras desigualdades:
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La inestabilidad laboral (temporalidad y parcialidad) impide acceder a créditos hipotecarios.
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Los altos precios de alquiler —agravados por la presión del turismo, la inversión extranjera y la escasa oferta pública— hacen que muchos jóvenes destinen más del 40% de sus ingresos a pagar vivienda.
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Esto retrasa la emancipación y debilita el consumo interno, un pilar clave del crecimiento español.
En términos macroeconómicos, esta dinámica genera un círculo vicioso: menos hogares formados → menor demanda interna → menor crecimiento estructural a mediano plazo.
5. Desigualdad fiscal y percepción de injusticia
El informe también señala un malestar general con el sistema fiscal:
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Tres de cada cuatro españoles creen que el sistema no distribuye la riqueza de manera equitativa.
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El 60% considera que las grandes fortunas no contribuyen lo suficiente.
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El 50% extiende esa crítica a las grandes empresas.
Este sentimiento refleja una erosión de la confianza en la movilidad social: el 52% de la población cree que el origen social o étnico determina las oportunidades de progreso, lo que pone en riesgo la cohesión social y la estabilidad política.
6. Implicaciones sociales y políticas
La crisis de vivienda no solo es económica: es un factor de fragmentación social y política.
Los datos sugieren que la clase media española se está redefiniendo hacia abajo, con menor capacidad de ahorro, endeudamiento creciente y dependencia del entorno familiar.
La falta de acceso a vivienda afecta:
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La demografía (baja natalidad y retraso en la emancipación).
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La productividad laboral (movilidad limitada por el costo de residencia).
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Y el bienestar psicológico, con aumentos de ansiedad vinculados a la inseguridad habitacional.
7. Conclusión: el reto estructural de la próxima década
España enfrenta una paradoja: crece económicamente, pero empobrece socialmente.
La vivienda se ha transformado en el núcleo de la desigualdad moderna, un reflejo del fracaso del modelo de mercado en garantizar un bien esencial.
Si el Estado no asume una política integral —que combine construcción pública, regulación del alquiler y reforma fiscal progresiva—, la brecha social podría convertirse en un problema estructural irreversible.
Oxfam Intermón lo resume con precisión:
“En demasiadas casas, el dinero se acaba antes de que llegue el fin de mes.”
La vivienda, más que un techo, se ha convertido en el termómetro de la justicia social en España.