Análisis
El informe del BCRA refleja una paradoja que marca hoy al sistema financiero argentino:
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Crecimiento récord del crédito al consumo (78,1% interanual en términos reales) en un contexto de inflación descendente.
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Morosidad en máximos de 15 años (5,2%), especialmente en préstamos personales (6,5%) y tarjetas (4,9%).
Este fenómeno puede interpretarse como un boom crediticio insostenible, con señales de sobreendeudamiento de las familias y un desajuste entre costo financiero, ingresos y capacidad real de repago.
Claves económicas
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Inflación en retroceso (25%-30% anual proyectada) dio aire a la demanda de crédito, pero no se tradujo en tasas de interés razonables: los CFT siguen entre 110% y 140%.
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Desajuste salarios-crédito: los ingresos avanzan apenas 20% anual, muy por debajo del costo del financiamiento.
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Consumo inmediato vs. solvencia futura: los hogares privilegian el acceso a liquidez de corto plazo (tarjetas, personales), comprometiendo estabilidad a mediano plazo.
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Fragilidad del sistema financiero: el stock de crédito se multiplicó 1,6 veces en un año, mientras la morosidad lo hizo más de 3 veces.
Implicaciones
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Para los hogares: creciente riesgo de insolvencia y contracción del consumo futuro.
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Para los bancos: deterioro de cartera, mayor necesidad de provisiones y potencial impacto en balances.
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Para el sistema financiero: riesgo de que el crédito, en lugar de impulsar la economía, se convierta en un factor de fragilidad macro.
Perspectivas
El desafío central es alinear tasas de interés con la inflación proyectada y mejorar la relación salario-deuda. El BCRA enfrenta una disyuntiva: si mantiene tasas altas para sostener la estabilidad monetaria, compromete la capacidad de pago de las familias; si las reduce demasiado rápido, arriesga expectativas inflacionarias.
De mantenerse la tendencia actual, el boom crediticio podría desembocar en una corrección forzosa vía contracción del consumo y freno de la actividad, reproduciendo el clásico ciclo de sobreendeudamiento seguido de ajuste.