📊 Análisis directo de la noticia
La decisión de Fura Gems de suspender su operación en la mina de Coscuez, Boyacá, no es económica ni técnica: es una medida de protección por el grave deterioro del orden público. La compañía denuncia incursiones ilegales, bloqueos, robos de material y ataques a sus trabajadores, hechos que incluso provocaron la muerte de dos personas dentro de la mina.
La empresa pide apoyo urgente a la Agencia Nacional de Minería, al Ejército y a la Policía para controlar la situación. Mientras tanto, asegura que protegerá a sus empleados y sus activos, pero deja claro que no puede seguir trabajando sin garantías de seguridad.
El trasfondo es que la minería de esmeraldas en Boyacá sigue marcada por conflictos históricos, violencia y economías ilegales. Esto golpea no solo a la compañía —que ya ha invertido más de $480.000 millones en modernización y proyectos sociales—, sino también a las comunidades locales que dependen de esta actividad.
La suspensión envía un mensaje de alarma: sin seguridad, la inversión extranjera y el desarrollo formal en el sector minero están en riesgo. Ahora la pelota está en la cancha del Estado y las autoridades locales, que deben garantizar un entorno estable para que la operación se reactive.
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