Análisis del impacto económico y estructural del cierre vial
El cierre prolongado de la vía Bogotá–Villavicencio, principal corredor de conexión entre la capital y los Llanos Orientales, ha generado una crisis logística de alto impacto para el transporte de carga nacional. Según estimaciones de Fedetranscarga, las pérdidas diarias alcanzan entre $1.000 y $1.800 millones, mientras que el acumulado para el departamento del Meta ya supera el billón de pesos.
El presidente de la federación, Arnulfo Cuervo, advirtió que las medidas adoptadas por el Gobierno, incluidas las reducciones en los peajes, son “pañitos de agua tibia” frente a una problemática que tiene raíces estructurales en la falta de planificación y mantenimiento vial.
1️⃣ El corredor estratégico que une el centro con los Llanos
La vía Bogotá–Villavicencio es una arteria económica esencial: por ella circulan diariamente cientos de tractomulas que transportan arroz, palma, hidrocarburos, alimentos y carga industrial.
Su cierre total, como explicó Cuervo, llegó a representar pérdidas de hasta $5.000 millones diarios para el sector transporte. Aun con la apertura parcial, el tráfico se mantiene al 30% de su capacidad normal, lo que continúa afectando gravemente los costos logísticos, el flujo de mercancías y los tiempos de entrega.
El impacto se extiende a empresas exportadoras, agroindustriales y petroleras, que dependen de este corredor para abastecer la región y movilizar producción hacia los centros urbanos y los puertos del Caribe.
2️⃣ Las vías alternas no están preparadas para carga pesada
El cierre ha revelado una falla estructural en la red alterna de transporte nacional.
Cuervo señaló que la transversal del Cusiana es la única ruta viable para el transporte de carga pesada, pero el contrato vigente —por $15.500 millones— solo incluye mantenimiento y señalización, sin atender puntos críticos como el puente de La Leonera, que presenta serias limitaciones estructurales.
La transversal del Sisga, por su parte, no admite tractomulas de 54 toneladas, lo que obliga a utilizar varios camiones medianos para suplir la misma carga, multiplicando los costos de flete y reduciendo la rentabilidad.
El problema, según el gremio, es que no existe una vía alterna real que soporte el volumen de transporte del Llano. En consecuencia, sectores como el arrocero y el palmicultor han tenido que ralentizar envíos o acumular inventarios, afectando su cadena productiva.
3️⃣ Los peajes y la falta de planeación agravan la crisis
Las decisiones gubernamentales para aplicar descuentos del 50% en peajes fueron calificadas por Cuervo como una medida improvisada. Estos ajustes, dijo, “solo crean conflictos contractuales con las concesiones” y no solucionan los cuellos de botella logísticos.
El presidente de Fedetranscarga fue enfático: “Los recursos asignados no resuelven el problema; se trata de paliativos sin impacto estructural.”
El gremio cuestiona además que los contratos se estén adjudicando a empresas sin experiencia suficiente en pavimentación, lo que retrasa la ejecución de obras y limita la calidad técnica.
4️⃣ Costos crecientes y pérdida de competitividad
Desde el punto de vista económico, la imposibilidad de transitar con tractomulas implica un incremento directo en los costos de transporte.
Mover 34 toneladas de arroz en una sola tractomula es muy distinto a hacerlo con seis camiones pequeños: los peajes, el combustible, la mano de obra y los tiempos de viaje se multiplican.
El resultado es una disminución en la competitividad del transporte nacional y una presión al alza en los precios de los alimentos y productos agrícolas, que podría trasladarse al consumidor final si la situación persiste.
5️⃣ Evaluación institucional y riesgos a futuro
La advertencia de Fedetranscarga no es nueva. En los últimos cinco años, el gremio ha alertado sobre la vulnerabilidad del corredor Bogotá–Villavicencio, donde los derrumbes, fallas geológicas y limitaciones de diseño han provocado cierres recurrentes.
El actual contrato sobre la transversal del Cusiana, limitado a intervenciones superficiales, es un ejemplo de falta de visión a largo plazo.
Sin una infraestructura de contingencia para el transporte de carga pesada, Colombia se mantiene expuesta a interrupciones logísticas que afectan el PIB, la competitividad regional y la seguridad alimentaria.
🔍 Conclusión: el país necesita una política vial estructural, no emergencias constantes
El cierre de la vía Bogotá–Villavicencio no es un incidente aislado, sino el reflejo de una política vial reactiva y fragmentada.
Mientras no existan corredores alternos diseñados para carga pesada y un mantenimiento preventivo integral, cada cierre será una crisis económica repetida.
Fedetranscarga plantea una advertencia clara: sin soluciones técnicas y estructurales, el transporte de carga seguirá siendo el eslabón más vulnerable de la economía nacional.
El país necesita pasar del manejo coyuntural al planeamiento estratégico, con inversiones sostenidas, contratos con criterios de ingeniería y una gestión que priorice la conectividad y la productividad del Llano colombiano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario